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class PythonClass1(object):
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_reg_clsid_ = "{82CF48D3-6826-4FE0-94A6-8EFF656998FB}"
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_reg_progid_= 'PythonLib1.PythonClass1'
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_public_methods_ = ['Greeting']
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def Greeting(self):
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if __name__=='__main__':
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print ("Registering COM server...")
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win32com.server.register.UseCommandLine(PythonClass1)
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#mierda de perro
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text = """
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Ayer fuimos al playa y comimos mucho pescados.
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"""
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if len(sys.argv)>=2:
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text = ""
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print(f"Rule: {match.rule_id}")
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print(f"Message: {match.message}")
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print(f"Error: '{text[match.offset:match.offset+match.error_length]}'")
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print("Suggestions:", match.replacements)
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print()
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18. Eurocomunismo
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Una conferencia de ochenta y cinco partidos comunistas celebrada en Mosc� en 1960 reafirm� un�nimemente la lealtad a la Uni�n Sovi�tica como un art�culo de fe inquebrantable para los comunistas tanto del Este como del Oeste:
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El Partido Comunista de la Uni�n Sovi�tica ha sido, y sigue siendo, la vanguardia universalmente reconocida del movimiento comunista mundial, siendo el contingente m�s experimentado y valiente del movimiento comunista internacional.
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Sin embargo, a finales de la d�cada, la direcci�n del PCUS se indign� al descubrir que su infalibilidad estaba siendo cuestionada por el surgimiento de lo que m�s tarde se de nomin� �eurocomunismo�. La herej�a eurocomunista hizo su primera aparici�n p�blica despu�s de la represi�n de la Primavera de Praga en 1968, cuando varios partidos occidentales se aventuraron a hacer algunas cr�ticas, en su mayor�a t�midas, a la invasi�n sovi�tica. La direcci�n del PCI (Partito Comunista Italiano), m�s tarde la fuerza dominante en el eurocomunismo, reafirm� �los lazos profundos, fraternales y genuinos que un en al Partido Comunista Italiano con la Uni�n Sovi�tica y el PCUS�, pero neg� el derecho de la Uni�n Sovi�tica a intervenir militarmente �en la vida interna de otro Partido
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Comunista o de otro pa�s�.1
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�Los lazos profundos, fraternales y genuinos� que un�an al PCI con la Uni�n Sovi�tica incluso despu�s de que los tanques sovi�ticos hubieran entrado en Praga ten�an un a dimensi�n secreta de la que muy pocos comunistas italianos fuera de la Direzione eran conscientes. Despu�s del golpe de los coroneles en Atenas en abril de 1967, el secretario general del PCI, Luigi Longo, y otros l�deres del partido se alarmaron ante lapo sibilidad de un golpe militar italiano siguiendo el modelo griego. En el verano de 196 7, Giorgio Amendola, en nombre del PCI Direzione, solicit� formalmente ayuda sovi�tica para preparar al Partido para sobrevivir despu�s de un golpe como movimiento clandestino ilegal. Decisi�n del Politbur� n�m. La P50/P, de 15 de agosto, autoriz� al FCD a elaborar un programa destinado a dotar al PCI de su propia unidad de inteligencia, dotada de personal plenamente formado y de un sistema clandestino de comunicaciones por radio. Los detalles del programa se acordaron en conversaciones en Mosc� entre ANDREA, el jefe del aparato ilegal del PCI, y altos funcionarios del Comit� Central y oficiales de la KGB. Entre octubre de 1967 y mayo de 1968, tres operadores de radio italianos completaron una misi�n de cuatro meses para la KGB.
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curso de formaci�n. Otros miembros del Partido tomaron cursos sobre c�mo producir documentos de identidad falsos, siguiendo un plan de estudios que dedicaba noventa y seis horas a la producci�n de sellos de caucho y sellos para documentos, seis al arte de estampar con resinas sint�ticas, seis a cambiar fotograf�as en documentos de identidad, seis a hacer anotaciones manuscritas en documentos y doce a �discusiones te�ricas�. Estos y otros programas secretos de entrenamiento continuaron al menos hasta finales de los a�os 1970. Los dirigentes del PCI tambi�n pidieron a la KGB que revisara su sed e en busca de dispositivos de escucha.2
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Despu�s de la inmediata protesta del PCI por la represi�n de la Primavera de Praga en 1968, las cr�ticas abiertas r�pidamente amainaron. Antes del Duod�cimo Congreso del PCI en febrero de 1969, tanto Boris Ponomarev, jefe del Departamento Internacional del Comit� Central, como altos funcionarios de la KGB presionaron fuertemente a Luigi Longo y otros l�deres del Partido para que moderaran sus comentarios sobre Checoslovaquia en sus discursos en la conferencia. En informes al Comit� Central del PCUS, Ponomarev y la KGB se atribuyeron el m�rito de que, a pesar de conservar algunas �frases ambiguas�, se eliminaran todas las referencias a �intervenci�n� y �ocupaci�n� por parte de la Uni�n Sovi�tica y sus aliados en el Pacto de Varsovia. Tampoco hubo ning�n llamado por parte del PCI para la retirada de las fuerzas del Pacto de Varsovia de Checoslovaquia.3 En una discusi�n privada en 1970 con Nikita Ryzhov, el embajador sovi�tico, Longo "enfatiz� particularmente que para los comunistas italianos la amistad con el PCUS y la Uni�n Sovi�tica no era una formalidad sino una necesidad real para su existencia".4
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Longo tambi�n dependi� en gran medida de los subsidios sovi�ticos. Su momento m�s importuno fue cuando se convocaron elecciones generales un a�o antes de lo previsto, en mayo de 1972. La asignaci�n original del Politbur� del PCUS para el a�o electoral fue de 5.200.000 d�lares, 2 millones m�s que en 1971. Despu�s de un nuevo llamamiento de Longo, proporcion� otros 500.000 d�lares. Longo escribi� entonces otra carta de s�plica, a la que Brezhnev envi� una respuesta personal, entregada por el residente en Roma, Gennadi Fyodorovich Borzov (alias "Bystrov"), el 4 de abril:
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Querido camarada Longo,
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Hemos recibido su carta solicitando asistencia adicional para cubrir los gastos relacionados con la participaci�n del Partido Comunista Italiano en la campa�a electoral.
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Entendemos bien la dif�cil naturaleza de la situaci�n en la que se desarrolla esta campa�a y la necesidad de la intensa actividad que su Partido debe ejercer a este respecto para ganar las elecciones y resistir a las fuer zas de la reacci�n.
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Como usted sabe, camarada Longo, ya hemos asignado 500.000 d�lares adicionales para que el Partido Comunista Italiano participe en la campa�a electoral, elevando as� la [contribuci�n] total este a�o a 5.700.000 d�lares.
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A la luz de su petici�n, una vez m�s estudiamos atentamente todas las posibilidades que se nos presentan y decidimos conceder al Partido Comunista Italiano una ayuda adicional por valor de 500.000 d�lares estadounidenses. Lamentablemente, en este momento no podemos hacer m�s.
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With Communist greetings, [Signed] L. Brezhnev
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General Secretary of the CPSU Central Committee5
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Despu�s de entregar la carta a Longo, Borzov inform� al Centro:
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El embajador [Nikita Ryzhov] declar� que, como hab�amos actuado a sus espaldas, ten�a la intenci�n de tele grafiar al camarada Brezhnev sobre esto. Teniendo en cuenta el car�cter dif�cil de Ryzhov y su reacci�n extremadamente sensible ante cosas de este tipo, este incidente en particular ha exacerbado enormemente la actitud del Embajador hacia nosotros.
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El Centro orden� a Borzov que hiciera todo lo posible para apaciguar al embajador:
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D�gale a Ryzhov que supon�a que se enterar�a en Mosc� de la decisi�n tomada por la Instantsiya [direcci�n del PCUS]. Por su parte, pido al camarada Ryzhov que trate todo esto con la debida comprensi�n y que no d � una importancia exagerada a lo sucedido; D�gale que nuestras relaciones con �l seguir�n siendo profesionales y que el Embajador estar� plenamente informado sobre todos nuestros contactos con nuestros amigos [ el PCI].6
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En octubre de 1972, Borzov inform� que los �amigos� hab�an devuelto tres billetes de 100 d�lares que, vergonzosamente, hab�an resultado ser falsificaciones.7
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Hasta 1976, la transferencia de fondos al Partido Comunista era una cuesti�n mucho m�s sencilla en Roma que en Estados Unidos o muchas otras partes del mundo. Dad o que los principales comunistas italianos visitaban regularmente la embajada sovi�tica, se consider� innecesario recurrir al galimat�as clandestino de los contactos directos y los puntos muertos. El leal sovi�tico m�s confiable en la PCI Direzione, que estaba en contacto regular con la KGB, simplemente seleccion� una serie de emisarios que se dirigieron a la embajada y recogieron el dinero, despu�s de haber verificado primero que no estaban siguiendo sus autos. El puesto de escucha de radio KOMETA de la residencia de la KGB monitore� simult�neamente las longitudes de onda utilizadas por la polic�a y las fuerzas de seguridad italianas para detectar cualquier se�al de vigilanci
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a. Como precauci�n adicional, el emisario fue seguido hasta y desde la embajada en un autom�vil del PCI.8 Mosc� proporcion� m�s asistencia financiera a trav�s de contratos lucrativos con empresas controladas por el PCI en proyectos comerciales que iban desde importaciones de petr�leo sovi�tico hasta la construcci�n de hoteles en la Uni�n Sovi�tica.9
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Los temores del PCI de un golpe militar de derecha se reavivaron con el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular del presidente Salvador Allende en Chile por las fuerzas armadas en septiembre de 1973. En diciembre, el PCI recibi� en secreto de la KGB tres estaciones de radio SELENGA para permitir que la sede del Partido mantuviera contacto con las ramas locales si el PCI se ve�a obligado a pasar a la clandestinidad. Los t�cnicos de radio del Partido fueron capacitados en Rusia para operar el nuevo sistema. Despu�s de un golpe, las radios SELENGA transmitir�an mensajes a Mosc� que luego ser�an retransmitidos a los grupos clandestinos locales del PCI mediante poderosos transmisores sovi�ticos.10
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Sin embargo, el renovado temor a un golpe de estado italiano tambi�n llev� al PCI en direcciones que causaron preocupaci�n en Mosc� de que el Partido Comunista m�s grande de Occidente estuviera sucumbiendo a la herej�a ideol�gica. En una serie de art�culos titulados "Reflexiones sobre Italia despu�s de los acontecimientos en Chile", En rico Berlinguer (que hab�a sucedido a Longo como secretario general en 1972) propuso, en una frase que se hizo famosa, un compromesso storico ('compromiso hist�rico') con los socialistas y los gobernantes dem�crata cristianos.11 Berlinguer no se parec�a a ning�n l�der comunista importante anterior con el que el Kremlin
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hab�a tenido que lidiar. Su esposa Letizia era cat�lica devota y �l hab�a aceptado que sus hijos fueran criados en la fe cat�lica. Longo hab�a hecho todo lo posible para persuadir a Mosc� de que, a pesar de su familia cat�lica, Berlinguer era el mejor candidato disponible y que sus tres principales rivales, Giorgio Amendola, Gian Carlo Pajetta y Pietro Ingrao, no eran aptos para el puesto de secretario general. Amendola, seg�n Longo, �ten�a mucho de dem�crata burgu�s y hab�a cometido con demasiada frecuencia errores revisionistas�; Pajetta, �cuya autoridad estaba menguando, ten�a demasiado mal genio y no promov�a la unidad [del Partido]�; Ingrao era �superficial y dado a especulaciones te�ricas poco realistas�. Berlinguer, sin embargo, representaba a la nueva generaci�n de l�deres del Partido que hab�an surgido despu�s de la Segunda Guerra Mundial.12 Mosc� estaba lejos de estar tranquila.
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La propuesta original de Berlinguer de un �compromiso hist�rico� fue concebida principalmente como una defensa contra la perspectiva de un golpe de derecha, justificad a por la m�xima de Lenin de que los revolucionarios deben saber cu�ndo retirarse. Sin embargo, gradualmente la propuesta evolucion� hacia una estrategia m�s ambiciosa �y , en opini�n de Mosc�, her�tica�, en la que las tradiciones cat�licas de solidaridad se combinar�an con la acci�n colectiva comunista para producir un nuevo orden pol�tico y social. Durante 1975, Berlinguer emergi� como el principal portavoz de lo que se conoci� como eurocomunismo. El PCI se uni� al PCE espa�ol y al PCF franc�s para emitir lo que fue, en efecto, un manifiesto eurocomunista, distanci�ndose del modelo sovi�tico de socialismo y comprometi�ndose a elecciones libres, una prensa libre y un camino parlamentario hacia el socialismo dentro de un sistema multipartidista.13
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En una reuni�n secreta con Ryzhov el 12 de diciembre de 1975, un informante de la KGB en la Direzione acus� a Berlinguer ya la direcci�n del Partido de �un cobarde re chazo del leninismo� y de una creciente hostilidad hacia la Uni�n Sovi�tica. Hizo un llamamiento al PCUS para que criticara p�blicamente la l�nea del PCI: �Esto casi dividir� al Partido, pero es la �nica manera de salvar la situaci�n�. El informante tambi�n afirm� que la direcci�n del PCI estaba planeando perturbar la conferencia de los Partidos Comunistas Europeos, que deb�a celebrarse en Berl�n Oriental en el verano de 1976, us�ndola como plataforma para sus puntos de vista revisionistas.14
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Durante los preparativos para la conferencia de Berl�n Oriental, el Kremlin emiti� una serie de advertencias p�blicas apenas veladas a los eurocomunistas para que no se portaran mal. Berlinguer, sin embargo, no se dej� intimidar. Durante la campa�a electoral italiana de junio, hizo lo que Mosc� consider� su declaraci�n m�s escandalosa hasta el momento. La membres�a italiana en la OTAN, declar� Berlinguer, era en definitiva una ventaja: �Esto nos garantiza el tipo de socialismo que queremos; para ser precisos, socialismo en libertad, socialismo de tipo pluralista�. El Kremlin respondi� con una carta de protesta mordaz, aunque secreta. Sin embargo, mucho m�s significativo para la mayor parte del PCI Direzione fue el hecho de que el Partido recibi� un r�cord del 34,5 por ciento de los votos (un aumento del 7,3 por ciento desde 1972). En la conferencia de Berl�n Oriental del 29 y 30 de junio, el choque entre el PCUS y los eurocomunistas fue apenas disimulado por un insulso comunicado que ped�a una �solidaridad internacionalista�. Los discursos de Berlinguer y otros destacados herejes,
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que llamaban la atenci�n sobre los defectos del �socialismo existente� (en otras palabras, el modelo sovi�tico), se publicaron en Pravda s�lo en una versi�n censurada.15
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En diciembre de 1976, el l�der b�lgaro Todor Zhivkov, siempre fiel portavoz del Kremlin, denunci� el eurocomunismo como una de las �principales l�neas de subversi�n ideol�gica contra el internacionalismo proletario� de los propagandistas burgueses.16 Sin embargo, las posibilidades del Kremlin para un ataque directo y frontal contra Berlinguer estaban limitadas por su inmensa popularidad. En cambio, Andropov orden� a Kryuchkov, el jefe del FCD, que preparara medidas activas para desacreditarlo a �l ya otros tribunos del eurocomunismo.17 Un informe preparado por el FCD para el Comit� Central afirmaba que Berlinguer era propietario de un terreno en Cerde�a y hab�a estado involucrado en contratos de construcci�n dudosos por valor de decenas de miles de millones de liras.18
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Sorprendentemente, mientras esperaba desestabilizar a Berlinguer filtrando pruebas de su supuesta corrupci�n, Mosc� sigui� subsidiando el PCI. La subvenci�n total para 1976 fue de 6,5 millones de d�lares.19 Sin embargo, seg�n los archivos de la KGB, la " situaci�n operativa" para la transferencia de dinero en Roma se hab�a vuelto m�s dif�cil. El nuevo residente, Boris Solomatin (anteriormente destinado en Nueva York), concluy� en 1976 que la entrega de dinero en la embajada no era suficientemente clandestina. Estuvo de acuerdo con Guido Cappelloni (cuyo nombre en c�digo es ALBERTO), jefe del departamento de administraci�n del Comit� Central del PCI, en que ser�a m�s seguro que las transferencias de dinero se realizaran temprano los domingos por la ma�ana en lugares previamente acordados en los suburbios de Roma que hab�an sido cuidadosamente controlados de antemano tanto por la residencia como por el PCI. Los miembros del PCI mantuvieron bajo estrecha vigilancia la ruta del coche utilizado por el � amigo� que recibi� el dinero; luego transfiri� el dinero a otro autom�vil que lo entreg� a una oficina secreta del Partido.20
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A pesar de su hostilidad hacia Berlinguer y el eurocomunismo, el Politbur� sovi�tico tambi�n sigui� autorizando a la KGB a entrenar a comunistas italianos especialmente seleccionados en operaciones clandestinas. En 1979, por ejemplo, el PCI envi� a tres miembros del Partido a Mosc� para recibir instrucci�n de la Direcci�n S del FCD (Ilegales). Uno fue capacitado para actuar como instructor de radio y cifrado, otro como especialista en disfraces y el tercero en la fabricaci�n de documentos falsos.
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No todos los conflictos entre el PCI Direzione y los partidos comunistas del bloque sovi�tico se hicieron p�blicos. La disputa secreta m�s grave de finales de la d�cada de 1970 se refer�a a la asistencia encubierta prestada por varios servicios de inteligencia de Europa del Este a grupos terroristas de Occidente. Alemania Oriental se convirti�, en palabras de su �ltimo ministro del interior, no comunista, Peter-Michael Diestel, en �un Eldorado para los terroristas�.22 Sin embargo, lo que m�s preocupaba a los dirigentes del PCI era el apoyo de la StB checoslovaca a las Brigadas Rojas italianas.23 Sus ansiedades alcanzaron su punto m�ximo el 16 de marzo de 1978, cuando las Brigadas Rojas tendieron una emboscada a un coche que transportaba al presidente de la Uni�n Cristiana. El dem�crata Aldo Moro, en el centro de Roma. El ch�fer de Moro y su escolta policial fueron asesinados a tiros y el propio Moro fue metido en un coche esperando. Durante los siguientes cincuenta y cuatro d�as, mientras Moro estuvo prisionero en un escondite secreto, la naci�n agonizaba sobre si negociar o no con las Brigadas Rojas para salvar su vida.24
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Aunque la Direcci�n del PCI afirm� p�blicamente que no pod�a haber tratos con los terroristas, en privado estaba atormentada por el temor de que se filtrara la noticia del apoyo brindado por el StB a las Brigadas Rojas. En nombre de la Direzione, Arturo Colombi se quej� ante el embajador checoslovaco en Roma, Vladimir Koucky, de que una delegaci�n del PCI en Praga hab�a sido enga�ada cuando intent� plantear la cuesti�n de la ayuda a las Brigadas Rojas, algunas de las cuales, seg�n cre�a, hab�an sido invitadas a Checoslovaquia. El 4 de mayo de 1978, Amendola advirti� a Koucky que, si los secuestradores de Moro eran capturados y juzgados, toda la ayuda que les brindaba el StB �podr�a salir a la luz�. En esta ocasi�n, Rhyzov, el embajador sovi�tico, se puso del lado del PCI y le dijo a Koucky que "hab�a advertido a los representantes checoslovacos sobre los contactos con las Brigadas Rojas, pero no quisieron escucharlo". Rhyzov estaba convencido de que la residencia de la StB en Roma todav�a manten�a contactos secretos con las Brigadas Rojas. �Recibiste un centavo de beneficio [de las Brigadas Rojas]�, le dijo a Koucky, �pero hiciste cien veces m�s da�o�.25
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Las autoridades italianas no lograron descubrir a tiempo el escondite de Moro. El 9 de mayo de 1978 fue asesinado por sus secuestradores y su cuerpo abandonado en el maletero de un coche en el centro de Roma, a medio camino entre la sede del PCI y la de los democristianos. En el torrente de dolor y examen de conciencia que sigui� al asesinato de Moro no hubo �para alivio de la Direzione� ninguna menci�n de la implicaci�n del StB con las Brigadas Rojas. Sin embargo, durante la b�squeda policial de estaciones de radio terroristas en los a�os siguientes, los dirigentes del PCI se mostraron cada vez m�s ansiosos de que pudieran descubrir las suyas. En junio de 1981, la direcci�n del PCI inform� a la residencia de Roma que, por razones de seguridad, las tres estaciones de radio instaladas por la KGB para uso clandestino del Partido ocho a�os antes hab�an sido destruidas.26
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La invasi�n sovi�tica de Afganist�n a finales de 1979 y la imposici�n de la ley marcial en Polonia dos a�os despu�s destruyeron cualquier apariencia de reconciliaci�n entre Mosc� y el PCI. En una reuni�n del Comit� Central del PCI en enero de 1982, s�lo el contacto principal de la KGB vot� en contra de una moci�n que condenaba la interferencia sovi�tica en los asuntos polacos. Berlinguer declar� que la Revoluci�n de Octubre hab�a �agotado su fuerza propulsora�, implicando en la pr�ctica que el PCUS hab�a perdido sus credenciales revolucionarias. La Direzione llam� a la izquierda de Europa occidental a trabajar por la �renovaci�n democr�tica� de los pa�ses del bloque sovi�tico. Pravda denunci� las declaraciones del PCI como �verdaderamente blasfemas�. Sigui� lo que los italianos llamaron lo strappo: una breve pero muy pol�mica ruptura de relaciones entre el PCI y el PCUS.
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Dentro de la direcci�n del Partido Italiano, el intransigente Armando Cossutta fue la �nica voz que se puso del lado de Mosc� en la disputa.27 Una d�cada m�s tarde, mientras la Uni�n Sovi�tica se estaba desintegrando, se filtr� evidencia de que los subsidios sovi�ticos al PCI hab�an continuado en una escala reducida en los a�os 1980. Pero, seg�n un comentarista, �pronto qued� claro que si los fondos sovi�ticos se hab�an canalizado hacia Italia, pasaron por las manos... de Cossutta, ya sea para apuntalar un peri�dico en quiebra con simpat�as prosov i�ticas (Paese Sera) o para ayudar a financiar sus propias actividades contra los l�deres del PCI.'28 Los pagos finales registrados: 700.000 d�lares en 1985, 600.000 d�lares en 1986 y 630.000 d�lares en 1987 � se utilizaron �nicamente para proporcionar �apoyo material� a lo que el Departamento Internacional del PCUS y la KGB (per o probablemente no Gorbachev) consideraban �las fuerzas sanas del PCI�, entre ellas Cossutta y Paese Sera.29
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Aparte de Berlinguer, el eurocomunista del que Mosc� sospechaba m�s era Santiago Carrillo, l�der del PCE (Partido Comunista de Espa�a). Incluso cuando era un militante adolescente, Carrillo hab�a mostrado cualidades de liderazgo precoz. En 1936, con s�lo diecinueve a�os, y sus oponentes se burlaban de �l llam�ndolo �la cris�lida de los espect�culos�, dise�� una fusi�n entre los movimientos juveniles socialistas y comunistas y se convirti� en presidente de la organizaci�n combinada. Durante la Guerra Civil Espa�ola, Carrillo se hizo amigo �ntimo del c�lebre ilegal, saboteador y asesino del NKVD, Iosif Grigulevich, a quien posteriormente eligi� como �padrino� secular de su hijo.30 Al refugiarse en Mosc� en 1939 despu�s de la victoria de Franco en Espa�a, Carrillo demostr� su ortodoxia estalinista denunciando a su propio padre, a quien le escribi� con fanatismo moralista: �Entre un comunista y un traidor all�. No puede haber relaciones de ning�n tipo�. M�s tarde afirm�, de manera inveros�mil: �Si hab�a alg�n te mor a Stalin en la Uni�n Sovi�tica, yo no lo vi�. Durante muchos a�os s�lo una minor�a sab�a acerca de los juicios y las purgas.�31
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Sin embargo, despu�s de convertirse en secretario general del PCE en el exilio en 1 959, Carrillo evolucion� gradualmente hacia el eurocomunismo. En 1968, el comit� ejecutivo del PCE conden� la intervenci�n sovi�tica en Checoslovaquia; sus principales partidarios sovi�ticos, Agust�n G�mez, Eduardo Garc�a y el general Enrique Lister, fueron expulsados en 1969-1970.32 En julio de 1975, el PCI y el PCE emitieron conjunta mente una "declaraci�n solemne de que su concepci�n de la marcha hacia el socialismo en paz y libertad expresa no una actitud t�ctica sino una convicci�n estrat�gica". Despu�s de la muerte de Franco en noviembre, Carrillo comenz� a planificar el resurgimiento del PCE como partido legal. A finales de 1976, sin informar a Mosc�, regres� secretamente a Espa�a desde su cuartel general franc�s. El 6 de diciembre, el Centro envi� un telegrama urgente a la residencia de Madrid, pidi�ndole que investigara los rumores de que Carrillo estaba en Espa�a y, en caso afirmativo, averiguara si hab�a regresado por iniciativa propia o tras un acuerdo secreto con el primer ministro democristiano, Adolfo Su�rez.33
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De hecho, Carrillo hab�a regresado para intentar forzar la decisi�n de Su�rez. El 1 0 de diciembre dio una conferencia de prensa p�blica, lo que oblig� al Primer Ministro a decidir si arriesgarse a la ira del ej�rcito y la derecha legalizando el PCE o arriesgarse a distanciarse de los principales partidos democr�ticos neg�ndose a hacerlo. Aunque Carrillo fue arrestado el 22 de diciembre, fue puesto en libertad unos d�as despu�s y se reuni� en secreto con Su�rez. La legalizaci�n formal del PCE se produjo en abril de 1977.34
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Al igual que en Italia, el principal punto de contacto de la KGB con el PCI era un partidario leal a la Uni�n Sovi�tica, la principal fuente de la residencia madrile�a dentro del PCE era el miembro m�s prosovi�tico de su comit� ejecutivo, Ignacio Gallego, cuy o nombre en c�digo era KOBO. Hasta marzo de 1976, los subsidios sovi�ticos al PCE se enviaban a trav�s del Partido Comunista Franc�s, el PCF. Por decisi�n del Politbur� n�m. P-1/84, de 16 de marzo, sin embargo, se orden� al KGB que efectuara pagos directamente a Gallego. Al menos algunos de estos pagos estaban destinados al propio Gal lego, y no al ejecutivo del PCE en su conjunto, para que pudiera �trabajar en sus contactos�. El 6 de diciembre de 1976 el Politbur� aprob� un pago a Gallego de 20.000 d�lares (decisi�n n� P37/39-OP) para la compra de un piso en Madrid. Aunque su cr�tica p�blica a Carrillo fue silenciosa, la residencia de Madrid inform� que en privado Gallego lo critic� amargamente, denunci�ndolo como "un peligro para el Partido Comunista
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Espa�ol y el movimiento comunista internacional".35
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A principios de 1977, a trav�s de su esposa LORA, Gallego transmiti� a la residencia madrile�a el borrador de Carrillo de una declaraci�n conjunta que se emitir�a en una reuni�n cumbre de los l�deres del PCE, PCI y PCF, as� como las pruebas del pr�ximo libro de Carrillo, 36
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�Eurocomunismo� y Estado (�Eurocommunism� and the State). El Centro se escandaliz� por las cr�ticas contenidas en ambos documentos de la Uni�n Sovi�tica, aunque, al final, Berlinguer y Georges Marchais, secretario general del PCF, rechazaron los pasajes m�s mordaces del borrador del comunicado.37 Gallego tambi�n inform� a la KGB que el diario de izquierda Pueblo planeaba enviar un corresponsal a Mosc� para entrevistarpip install andon-light a los disidentes sovi�ticos. As� advertida, la embajada de Madrid deneg� el visado al corresponsal.38
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Con la restauraci�n de la democracia parlamentaria por primera vez desde la Guerra Civil Espa�ola, se esperaba ampliamente que el PCE �en particular Carrillo� alcanzara una posici�n tan dominante en la izquierda en Espa�a como la que hab�a tenido el PCI en Italia. Su rival socialista, el PSOE, se hab�a adaptado peor tanto a la oposici�n clandestina al r�gimen autocr�tico de Franco como al mantenimiento de la organizaci�n partidaria durante casi cuarenta a�os de exilio. Sin embargo, en Felipe Gonz�lez, de 35 a�os, los socialistas ten�an un l�der din�mico y teleg�nico cuyo atractivo juvenil para los votantes era mucho m�s efectivo que el de Carrillo. Durante la campa�a para las elecciones parlamentarias de junio de 1977, al PCE tambi�n le result� m�s dif�cil que al PSOE liberarse de una imagen extremista. Para satisfacci�n de Mosc�, la campa�a eurocomunista de Carrillo se vio al menos levemente perturbada por el regreso de la Uni�n Sovi�tica en mayo de la presidenta del PCE, Dolores Ib�rruri, de 83 a�os, a quien Carrillo hab�a sucedido como secretaria general casi veinte a�os antes. Conocida como La Pasionaria ('flor de la pasi�n'), Ib�rruri hab�a sido la oradora m�s carism�tica de la Guerra Civil, famosa en todo el mundo por sus gritos de desaf�o frente al fascismo: '�M�s vale morir de pie que vivir de rodillas!'; ��Es mejor ser viuda de un h�roe que esposa de un cobarde!� Los partidarios de Franco difundieron rumores de que una vez hab�a degollado a un sacerdote con sus propios dientes.39 Aunque las apariciones de Ib�rruri durante la campa�a electoral de 1977 estuvieron limitadas por su edad y su d�bil coraz�n, no perdi� la oportunidad de elogiar los logros del bloque sovi�tico: �pa�ses donde se est� construyendo el socialismo�.
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Carrillo intent� diluir el impacto de sus discursos dando a entender que estaba desconectada y ligada a la Uni�n Sovi�tica por la muerte de su �nico hijo mientras luchaba para el Ej�rcito Rojo en Stalingrado.
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En las elecciones parlamentarias de junio de 1977, las primeras elecciones libres celebradas en Espa�a en cuarenta y un a�os, el electorado rechaz� los extremos tanto de izquierda como de derecha. El PCE obtuvo s�lo el 9 por ciento de los votos, en comparaci�n con el 34 por ciento de la Uni�n de Centro Democr�tico de Su�rez y el 28 por ciento de los socialistas. Entre los nuevos diputados comunistas se encontraba Gallego, que pas� a ser vicepresidente del grupo parlamentario del PCE. Creyendo que la posici�n de Carrillo era mucho m�s d�bil que la de Berlinguer, el Kremlin intent� generar o posici�n en su contra en el PCE. Poco despu�s de las elecciones, el peri�dico New Times de Mosc� public� una rese�a vituperante del
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�Eurocommunism� and the State. de Carrillo.
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Carrillo, declaraba, podr�a parecer estar hablando simplemente de diferencias en t�cticas y estrategias entre diferentes Partidos Comunistas, pero sus verdaderas opiniones eran �exactamente las de los adversarios imperialistas del comunismo�. 40 El Departamento Internacional del PCUS redact� un ataque contra el revisionismo de Carrillo y luego dispuso su publicaci�n bajo las firmas de tres miembros del PCE. Una carta que conten�a un ataque similar, firmada por 200 comunistas espa�oles, circul� en forma de folleto.41
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Durante 1978 se calm� la controversia p�blica entre el PCE y el PCUS. En privado, sin embargo, Carrillo se mostr� m�s cr�tico que nunca. Seg�n un informe de Gallego enviado por la residencia de Madrid, en un estallido extraoficial conden� a la Uni�n Sovi�tica como �un Estado semifeudal, dominado por una burocracia privilegiada que est� aislada del pueblo�, con un modo de vida mucho menos democr�tico que el de Estad os Unidos.42 Despu�s de la invasi�n sovi�tica de Afganist�n a finales de 1979, Carrillo hizo p�blicas algunas de sus cr�ticas. En enero de 1980 escribi� al Comit� Central del
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PCUS atacando la invasi�n como aventurerismo pol�tico y culpando a la pol�tica sovi�tica y estadounidense de la intensificaci�n de la Guerra Fr�a.43 Aunque algunas organiza
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ciones locales del Partido apoyaron la intervenci�n sovi�tica, Carrillo cont� con el respaldo de una mayor�a del ejecutivo del PCE. Mientras tanto, Gallego sigui� recibiendo unos 30.000 d�lares al a�o de la KGB.44 El residente de Madrid, Viktor Mikhailovich Filippov, inform� que aunque Gallego se apeg� "en la medida de lo posible" a la l�nea pol�tica recomendada por la residencia, era poco lo que pod�a hacer para galvanizar un a oposici�n abierta sin aislarse en el ejecutivo. En opini�n de Filippov, Carrillo mantuvo un firme control de su partido.45 En realidad, dividido entre eurocomunistas y partid arios de la l�nea dura, y con los comunistas catalanes perdiendo la fe en el liderazgo de
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Carrillo, el PCE hab�a comenzado a desintegrarse.46
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Tambi�n hubo divisiones dentro de los socialistas cuando Felipe Gonz�lez intent� convertir al PSOE en un partido socialdem�crata. Despu�s de que un congreso del partido en mayo de 1979 reafirmara la naturaleza marxista del PSOE, Gonz�lez renunci�, s�lo para regresar triunfante cuatro meses despu�s, cuando un congreso extraordinario del partido reconoci� las �contribuciones no marxistas y marxistas que han ayudado a hacer del socialismo la gran alternativa para la emancipaci�n de nuestro tiempo�. En las elecciones parlamentarias de 1982 el PSOE gan�
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victoria arrolladora. Con Gonz�lez como primer ministro, los socialistas dominaron la pol�tica espa�ola durante la siguiente d�cada. Mientras tanto, el apoyo al PCE estaba disminuyendo. En 1982 obtuvo s�lo el 3,8 por ciento de los votos, frente al 10,5 por ciento en 1979. Carrillo se vio obligado a dimitir como secretario general, para ser sucedido por Gerardo Iglesias. Seg�n Gonz�lez, �Carrillo logr� en un tiempo r�cord lo que Franco no pudo hacer en cuarenta a�os de dictadura. Ha desmembrado el Partido Comunista en Espa�a�.
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Mosc� tambi�n atribuy� gran parte de la culpa del colapso del apoyo al PCE a Carrillo personalmente, aunque su an�lisis difiri� del de Gonz�lez. Un libro del periodista de Tass, Anatoli Krasikov, afirmaba que el eurocomunismo de Carrillo y su rechazo al marxismo-leninismo hab�an llevado al Partido a una �aguda lucha interna� y un desastre electoral: �Un gran n�mero de activistas, incluidos algunos muy destacados que hab�an luchado contra el franquismo y por la democratizaci�n del pa�s, fueron expulsados del Partido�. 47 En un informe secreto conservado en los archivos de la KGB, Boris Ponomarev, jefe de la Internacional Departamento de Justicia, declar� a principios de 1983 que no hab�a perspectivas de un renacimiento del PCE mientras Carrillo o sus protegidos mantuvieran influencia en �l.48
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En enero de 1984, Mosc� apoy�, y probablemente financi�, la fundaci�n por parte de Gallego de un separatista Partido Comunista de los Pueblos de Espa�a. Pravda acogi� con agrado la denuncia de Gallego del eurocomunismo y su anuncio de que el nuevo partido ser�a una �parte integral� del movimiento comunista internacional. 49 El PCPE, sin embargo, nunca pas� de ser un partido escindido. En 1986, los restos del PCE se fusionaron con dos partidos de izquierda m�s peque�os para formar Izquierda Unida (Izquierda Unida).
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El tercero de los principales partidos eurocomunistas a mediados de la d�cada de 1970 era el PCF (Parti Comunista Franc�s), dirigido por Georges Marchais, que anteriormente se hab�a ganado la reputaci�n de ser un estalinista intransigente. En 1957, le grit� enojado a un militante del Partido que se atrevi� a expresar dudas sobre las purgas de Stalin y la represi�n sovi�tica del levantamiento h�ngaro: ��S�, [los sovi�ticos] arrestaron gente, encarcelaron gente!�. �Pues les digo que no arrestaron lo suficiente! �No encarcelaron lo suficiente! �Si hubieran sido m�s duros y m�s vigilantes no habr�an llegad o a la situaci�n en la que se encuentran ahora!� Francois Mitterrand se quej� una vez: �
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El insulto es la manera [de Marchais] de saludar.�50
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A medida que Marchais consolid� su poder en el PCF como secretario general adjunto en 1970 y secretario general dos a�os despu�s, el Centro empez� a sospechar cada vez m�s de �l. A pesar de su temprana lealtad sovi�tica, la KGB inform� al Comit� Central en marzo de 1976 que, seg�n sus informantes en �c�rculos cercanos a Marchais�, se hab�a estado alejando gradualmente de �los principios del internacionalismo proletario� durante alg�n tiempo. El principal informante de la KGB sobre las tendencias eurocomunistas dentro del PCF era el segundo al mando de Marchais, Gaston Plissonnier , que hab�a ayudado en las operaciones de inteligencia sovi�ticas desde al menos principios de los a�os cincuenta.51 Al igual que sus compa�eros leales a los sovi�ticos
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En Italia y Espa�a, Plissonnier fue tambi�n el principal conducto para los subsidios secretos de Mosc� al PCF.52
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En junio de 1972, el PCF form� una alianza electoral y acord� un �programa com�n de gobierno� con los socialistas y los radicales de izquierda. Unos meses m�s tarde, seg�n la KGB, Marchais dijo a sus colaboradores m�s cercanos (sin duda incluido Plisso nnier) que condenaba tanto la invasi�n de Checoslovaquia en 1968 como la continua persecuci�n de los disidentes dentro de la Uni�n Sovi�tica. Marchais tambi�n estaba profundamente irritado por la aparente benevolencia del Kremlin hacia los gobiernos gaullistas de Francia, que, seg�n �l, �obstaculizaron la lucha revolucionaria del Partido Comunista Franc�s�. Desde que el presidente De Gaulle retir� a Francia del mando integrado de la OTAN en 1966, Mosc� hab�a visto al gaullismo como una fuerza potencial mente m�s disruptiva en Europa occidental que un gobierno franc�s de izquierda, incluso uno que incluyera a comunistas. Marchais intent� persuadir al Kremlin de que su evaluaci�n era err�nea. En 1972, con la intenci�n sin duda de hacer llegar su advertencia a Mosc�, amenaz� en secreto al l�der de Alemania Oriental, Erich Honecker:
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Si los pa�ses socialistas [el bloque sovi�tico] no tienen en cuenta la advertencia del Partido Comunista Franc�s de que el gobierno franc�s se est� desplazando hacia posiciones atl�nticas [proamericanas], y si no brinda n al Partido la asistencia adecuada en la lucha para derrocar al r�gimen, se enfrentar�an a una negativa del Partido Comunista Franc�s a apoyar su pol�tica, como ocurri� en el momento de los acontecimientos checoslovacos [en 1968].
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P�blicamente, el Kremlin pareci� prestar poca atenci�n. Antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas de 1974, el embajador sovi�tico visit� al candidato neogaullista, Valery Giscard d�Estaing, aparentemente dando a entender que Mosc� favorec�a su elecci�n en lugar de la de Mitterrand, que contaba con el apoyo del PCF.53 Sin embargo, entre bastidores, la KGB estaba involucrada en medidas activas encaminadas �sin �xito� a asegurar la derrota de Giscard.54
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A principios de 1976, Marchais reprendi� en privado al peri�dico del PCF, L�Humanit�, por no enviar un corresponsal a reunirse con el disidente ruso exiliado, Leonid Plyushch, a su llegada a Par�s despu�s de haber sido liberado de su encarcelamiento en un hospital psiqui�trico sovi�tico. El Centro interpret� el avance gradual de Ma rchais hacia el eurocomunismo menos en t�rminos de evoluci�n ideol�gica que de ambici�n personal. La KGB inform� que incluso Berlinguer criticaba a Marchais por su estrecho nacionalismo y lo comparaba con el aut�crata rumano Nicolae Ceausescu. El
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Centro concluy� que Marchais no se detendr�a ante nada para satisfacer su vanidad personal.55
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La KGB inform� al Comit� Central que no fue hasta el XXII Congreso del PCF en febrero de 1976 que Marchais se sinti� lo suficientemente seguro de contar con apoyo para sus puntos de vista cada vez m�s her�ticos dentro de la jerarqu�a del Partido como para atreverse a expresarlos abiertamente, a pesar de la oposici�n de Plissonnier.56 el congreso adopt� una ambiciosa agenda eurocomunista. Marchais tom� la iniciativa al rechazar el objetivo tradicional de una �dictadura del proletariado�, al criticar las �limitaciones a la democracia� en el bloque sovi�tico y al comprometer al PCF con �un camino democr�tico hacia el socialismo� que
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"fomentar�a la libre expresi�n de muchas tendencias de pensamiento". Para los escandalizados partidarios sovi�ticos dentro del PCF, la nueva plataforma eurocomunista parec�a �legalizar la contrarrevoluci�n�.57 Durante los siguientes dieciocho meses, el Comit� Central del PCUS envi� tres airadas cartas al PCF quej�ndose de sus pol�ticas.58 Entre bastidores, la KGB acompa�� esa furiosa correspondencia con medidas activas. Entre ellas estaba la operaci�n YEVROPA, iniciada en 1977 y basada en documentos falsificados de la CIA que pretend�an revelar un complot estadounidense para destruir la unidad del PCF. El Centro esperaba que YEVROPA pusiera a algunos miembros del Comit� Central en contra de Marchais, presumiblemente dando a entender que estaba haciendo el juego a la CIA.59
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La KGB, sin embargo, hab�a juzgado mal la fuerza de las desviaciones ideol�gicas de Marchais. El coqueteo eurocomunista del PCF hab�a sido parte del precio que hab�a pagado por la alianza con los socialistas. El coqueteo termin� en el verano de 1977, cuando qued� claro que, en lugar de confirmar a los comunistas como el partido m�s grande de la izquierda francesa, los hab�a llevado a ser superados por los socialistas. En septiembre de 1977, la alianza de izquierdas colaps� en medio de recriminaciones mutua
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s. A partir de entonces, Marchais y el Comit� Central del PCF volvieron gradualmente a una lealtad sovi�tica cada vez m�s acr�tica.60 En octubre de 1978, el Centro cancel� una medida activa ideada por la residencia de Par�s para abrir una brecha entre el PCF y el PCI, probablemente porque ya no se consideraba necesaria.61
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El informe de la KGB sobre Marchais presentado al Comit� Central en marzo de 19 76 informaba que sobre �l pend�a la exposici�n de su historial de guerra.62 Marchais hab�a afirmado en 1970 que hab�a sido "requisado" en diciembre de 1942 para trabajar en una f�brica alemana en Lipheim que constru�a aviones de combate Messerschmitt, pero hab�a escapado en enero de 1943 y regresado a Francia.63 El Centro, sin embargo, afirm� saberlo "de fuentes fiables". Seg�n algunas fuentes, las autoridades francesas ten�an documentos que demostraban que, lejos de ser obligado a trabajar en Alemania, hab�a firmado un contrato voluntario para un trabajo en Lipheim. El informe de la KGB sobre Marchais fue tan hostil que en 1976 bien pudo haber contemplado utilizar su historial de guerra para desacreditarlo, del mismo modo que esperaba utilizar los contratos de construcci�n supuestamente turbios de Berlinguer para destruir su reputaci�n. 64 No est� claro, sin embargo, si la KGB hizo algo para sacar a la luz un documento, que fue publicado en 1977 por Auguste Lecoeur, un ex miembro del Politbur� del PCF, y el semanario de derecha. Minute, mostrando que Marchais hab�a aceptado voluntariamente trabajar en la f�brica Messerschmitt. Marchais afirm� que el documento era falsificado y present� una demanda por difamaci�n contra Lecoeur y Minute.. Al inicio del juicio en septiembre de 1977, rompi� a llorar. Perdi� tanto ese caso como otra demanda por difamaci�n al a�o siguiente. En marzo de 1980 L�Express public� un documento alem�n de tiempos de guerra que parec�a demostrar no s�lo que Marchais hab�a ido voluntariamente a trabajar a Alemania sino que hab�a permanecido all� hasta 1944. En esta ocasi�n Marchais no present� una demanda, sino que mantuvo su inocencia, declarando que hab�a sido v�ctima de un improbable complot de sus rivales en las elecciones presidenciales de 1981: "Por eso, en el origen de esta calumnia, ha habido sucesivamente
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descubri� colaboradores cercanos de Giscard d�Estaing, de Chirac y de Francois Mitterrand.�65
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El PCF entr� en la d�cada de 1980 en un estado de �nimo de lealtad inquebrantable a Mosc�. Ning�n otro l�der de un importante Partido Comunista occidental igual� el ce lo con el que Marchais defendi� la invasi�n sovi�tica de Afganist�n en diciembre de 1 979. Dos a�os m�s tarde, el PCF acogi� con serenidad la ilegalizaci�n de Solidaridad y la declaraci�n del estado de emergencia en Polonia como un �triunfo� para el Partido Comunista Polaco. Al mismo tiempo, sin embargo, el PCF atravesaba un pronunciado declive electoral. En las elecciones presidenciales de 1981, Marchais obtuvo s�lo el 15 por ciento de los votos, f�cilmente el peor resultado del Partido desde la Segunda Guerra Mundial. En 1986, el voto del PCF cay� a�n m�s precipitadamente, hasta el 6,8 por ciento, en las elecciones parlamentarias.66
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La era Gorbachov trajo un cambio radical en las relaciones del PCUS con los partidos comunistas extranjeros. El PCF y los dem�s seguidores occidentales m�s fieles de Mosc� se indignaron cada vez m�s al descubrir que su lealtad ya no era apreciada. El pro pio Gorbachov parec�a mucho m�s interesado en la herej�a imaginativa que en la ortodoxia intelectualmente escler�tica. El eurocomunismo parec�a haber conquistado el Kremlin. Como jefe de la delegaci�n del PCUS en el funeral de Berlinguer en junio de 19 84, Gorbachov qued� profundamente impresionado por la manifestaci�n espont�nea de dolor de un mill�n y medio de dolientes aglomerados en la Piazza San Giovanni de Roma.67 Uno de los primeros signos de su "nueva forma de pensar" cuando se convirti� en secretario general del PCUS en marzo de 1985 fue el hecho de que el �nico l�der comunista europeo incluido en sus reuniones con estadistas mundiales despu�s del funeral de Chernenko fue el de Berlinguer. Su sucesor, Alessandro Natta. Ponomarev estaba visiblemente sorprendido. �C�mo pod�a ser, pregunt� a sus colegas del departamento internacional, que a pesar de la presencia de tantos l�deres de partidos comunistas � buenos� en Mosc�, Gorbachov hubiera concedido su favor al secretario general del PCI �malo�?68
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Durante los siguientes cinco a�os, Gorbachov consult� repetidamente con los l�deres del PCI, elogi� sus pol�ticas y los utiliz� como caja de resonancia para su �nuevo pensamiento� sobre la socialdemocracia y las relaciones Este-Oeste.69 En Espa�a, Gorbachov mostr� mucho menos inter�s en los restos andrajosos del PCE70 que en el Partido Socialista gobernante. Gorbachev�s press secretary, AndreiGrachev, once as ked him which foreign politician he felt closest to. La respuesta de Gorbachov fue tajante: Felipe Gonz�lez. Seg�n Grachev, Gorbachov �no s�lo apreciaba a �Felipe�, si no que lo amaba�.71
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Sin embargo, la dependencia de subsidios sovi�ticos secretos persuadi� a algunos de los l�deres comunistas extranjeros ofendidos de l�nea dura a tragarse su orgullo. En junio de 1987, Marchaisenvi� un mensaje humillante a Gorbachov transmiti�ndole su � m�s profunda gratitud� por reunirse con �l en mayo y pedirle una �ayuda financiera de emergencia� de 10 millones de francos (1,65 millones de d�lares) para prepararse para las elecciones presidenciales de 1988.72 Se�alando que el PCF hab�a
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Ya recibi� 2 millones de d�lares durante 1987, pero el Politbur� acord� proporcionar otro mill�n a trav�s de la KGB.73
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Para Gus Hall, el l�der de l�nea dura del siempre fiel PCUSA, el �nuevo pensamiento� de Gorbachov result� ser demasiado al final. Incitado por primera vez en su carrera a un desacuerdo abierto con Mosc�, lanz� un ataque p�blico contra las reformas de Gorbachev en 1989, s�lo para que sus subsidios sovi�ticos secretos fueran abruptamente cortados. El impacto en el CPUSA fue devastador. Sumido en una crisis financiera inmediata, se vio obligado en 1990 a reducir primero la publicaci�n del peri�dico del Partido, el People�s Daily World,, de cinco a dos d�as por semana, y luego a convertirlo en un semanario.74 Armando Cossutta habl� en nombre de muchos leales tradicional es a Mosc� en los partidos comunistas occidentales cuando declar� su disgusto despu�s del fracaso del golpe de estado de Mosc� de agosto de 1991 porque "el t�rmino "comunismo" es ahora una palabra sucia incluso en la tierra de Lenin".75
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